Oscar Alberto Gómez Arévalos
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Conocido familiarmente como "Beto", nació el 1 de diciembre de 1984 en Asunción, sus padres Don Nidia Arévalos y Don Carlos Gómez, sus hermanos: Isaac (también bombero voluntario y camarada suyo), Carlos Daniel (brigadista juvenil), Susana Gabriela, Angie Carolina y Jacqueline Araceli.
Realizó sus estudios primarios en la Escuela "Tía Patty", mientras que sus estudios secundarios lo realizó en el Colegio Bautista "Juan Amós Comenio", en donde siempre se destacó por ser un alumno responsable y muy activo.
Alberto, era un niño muy inquieto y travieso, desde pequeño los artículos electrónicos le llamaban la atención, los cuáles armaba y desarmaba en sus ratos libres, inclusive muchas veces solucionando los problemas que sufrían.
En la adolescencia, se caracterizo por el gran ánimo de solidaridad que demostraba en cada acto que realizaba para ayudar a sus amigos, vecinos y fundamentalmente a su familia, tal es así que persistentemente ayudaba a su padre en todos los labores que él realizaba, siempre con la energía y la alegría que le caracterizaban; un joven correcto, responsable y sin vicios que vivía pendiente de su familia y especialmente de su madre.
Mostrando una vez más la vocación de servicio que poseía, a los 18 años ingresó a la Academia Nacional de Bomberos de la Sexta Compañía "Mariano Roque Alonso" en donde expresó invariablemente el más sincero sentimiento de camaradería para con sus compañeros. Jamás fue blanco de quejas por sus instructores y/o superiores y menos aún por sus compañeros y de esta manera egresó íntegramente como Bombero Voluntario Combatiente el 4 de octubre del 2003 con el código VK6-1664.
Infelizmente, Alberto, sólo pudo vestir por 2 meses el radiante uniforme amarillo que caracteriza al Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Paraguay, ya que el 13 de diciembre de 2003 un trágico accidente ocurrido en un incendio de una carbonería en Mariano Roque Alonso, segó su vida, dejándonos a sus familiares, camaradas y amigos sin la posibilidad de seguir maravillándonos de su cariño, simpatía, amistad y alegría que nos regalaba día a día.
Alberto, supiste cumplir tu juramento sin dar lugar a pretextos, y fuiste una persona excelente, te llevaremos siempre en nuestros corazones y nunca olvidaremos el gran ejemplo que fuiste, eres y serás para nosotros. |